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general      19-07-2016
Nada que reprochar
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En su estreno en la Copa Argentina, Central Córdoba tuvo un partido más que aceptable ante Huracán, jugando de a ratos de igual a igual, y se fue con la frente en alto más allá de la derrota 2 a 1. Figueroa marcó el tanto charrúa, mientras que Romero Gamarra y Bogado (de penal) le dieron el triunfo al Quemero.
 
“Da bronca perder por un penal” declaró Oscar Santángelo en el post partido. Esa frase del entrenador es una buena síntesis de lo que dejó la derrota. Es que el trámite del encuentro lejos estuvo de evidenciar una diferencia de tres categorías entre Huracán y Central Córdoba, y tanto es así, que se terminó definiendo nada más que por una falta dentro del área.
 
Fundamentalmente en la primera mitad, el Charrúa jugó de igual a igual e incluso generó un par de situaciones de riesgo en el arco de Marcos Díaz. Pero promediando esa etapa inicial, el Globo sacó a relucir su jerarquía y se puso en ventaja gracias a un golazo de Alejandro Romero Gamarra, la indudable figura de la noche.
 
Por fortuna, el tanto en contra no significó un baldazo de agua fría para los azules, que se mantuvieron en partido y apostaron a aprovechar los espacios que Huracán dejaba en tres cuartos de cancha. Así fue como a los 34’ llegó un error de Mauro Bogado en la salida que aprovechó Leandro Figueroa (quien ya había tenido una clara con un cabezazo desviado) para encarar con pelota dominada y definir fuerte y abajo ante Díaz.
 
El empate le daba justicia al marcador y sembraba dudas en los conducidos por Eduardo Domínguez, que tuvieron un lapso de desconcierto de casi diez minutos. En ese período, Córdoba casi alcanza el segundo tras una buena jugada colectiva que terminó con Federico Ferrari definiendo mano a mano con el arquero del Globo, quien ganó el duelo y envió la pelota al córner. Sobre el final del primer tiempo Huracán reaccionó y pudo anotar el segundo a través de un remate de Mariano González que salió besando el palo izquierdo de Leonardo Romero.
 
El balance de esos 45 iniciales fue altamente positivo para los rosarinos, que demostraron estar a la altura de las circunstancias con un gran trabajo defensivo y rendimientos interesantes de mitad de cancha hacia arriba, sobre todo de Marcelo Zaen, Figueroa y Ferrari.
 
No obstante, en el complemento la historia cambió. Seguramente condicionado por el desgaste físico, la idea (a veces incluso inconsciente) de cuidar el resultado y un rival que empujó buscando el segundo, los comandados por Santángelo se fueron refugiando cada vez más atrás. Entonces llegó un desborde por la derecha y un claro penal de Godoy sobre Briasco, que Bogado se encargó de cambiar por gol.
 
Ahí se terminó el partido. Los restantes 25 minutos mostraron a un Córdoba sin ideas que no pudo volver a acercarse a Marcos Díaz. Los ingresados Guido Gardeano (de buenas intervenciones) y Juan Fernández poco y nada pudieron hacer para revertir la historia, y el tiempo se fue consumiendo hasta el pitazo final de Luis Álvarez.
 
La derrota seguramente deja bronca, pero también tranquilidad. La tranquilidad de saber que se estuvo a la altura de la exigencia y que el mismo equipo que viene de finalizar penúltimo en el Torneo de la Primera C, sólo reforzado con Romero y Godoy, le hizo partido a un conjunto de la máxima categoría. Nada que reprochar.
 
Alejandro López Vega